domingo, 19 de mayo de 2013

DdO. Videojuegos (2). Dragon Age: Origins [PC]

¡Hola a todos!

Vuelvo con otro Domingos de Ocio, y en este caso voy a hablar del último juego que he "terminado", Dragon Age: Origins.



Se trata de un videojuego de rol, lanzado al mercado en el año 2009 para jugar en PC, PS3 y Xbox 360. En este caso, yo lo he jugado en ordenador (aunque para lo que os voy a contar sobre él, creo que es algo irrelevante).

Puesta en escena (por una servidora): nos encontramos en Thedas, concretamente en la región de Ferelden, un reino humano. Una gran sombra amenaza desde el sur: los engendros tenebrosos, fruto de un pasado coqueteo de los magos con fuerzas que no podían controlar, amenazan con destruir el mundo después de cuatrocientos años sin dar señales de vida en la superficie. Debido a que aún no se ha visto a un archidemonio, el rey Cailan cree que no están ante una nueva Ruina y es optimista, piensa que la guerra está a punto de ser ganada. Sin embargo, los guardas grises, una antigua institución que protege al mundo de los engendros tenebrosos, no están tan seguros, y por ello buscan ayuda hasta en los más recónditos lugares... encontrándote a ti.

Diferentes impresiones de los inicios: enano noble, mago (igual tanto para elfos
como humanos), humano, elfo de elfería, enano descastado y elfo dalishiano (o "libre")
Este es uno de mis juegos de rol favoritos. Quizás sólo igualado por Skyrim o Baldur's Gate. Esto se debe a que, como todo buen juego de rol, haces la historia. Simplemente con el inicio, en el que puedes ser humano, elfo o enano, ya estás tomando una decisión que cambiará el juego totalmente. Porque al elección de raza y clase cambiará el modo en el que los diferentes personajes actúen contigo, dando lugar a 6 inicios completamente diferentes (12, si tuviéramos en cuenta el sexo, pero precisamente en el inicio es algo que no tiene mucho peso).

Pantalla de elección de raza, clase e inicio
Existen 3 clases principales: guerreros, pícaros y magos. Cada una de ellas, tiene a su vez 4 especializaciones, ya quieras hacer un guerrero defensivo o campeón, un mago curandero o destructivo, o un pícaro asesino o explorador (por poner varios ejemplos). Esto, junto con la de personajes que encuentras por el camino y que puede unirse a tu grupo, hará que haya un montón de combinaciones a la hora de jugar.

Mi grupo durante gran parte de la historia:
Morrigan (maga destructiva), mi personaje (guarda gris y pícara asesina),
Wynne (maga sanadora) y Alistair (guarda gris y guerrero defensivo)
Además de la historia principal en la que, aunque es algo lineal, tú puedes influir en su final, hay un montón de misiones secundarias, colectivos que piden ayuda, mercenarios, asesinos, magos escondidos... También, la gran mayoría de tus compañeros, tendrán su propia "misión", haciendo que su afinidad hacia ti mejore o empeore (si tienen mucha afinidad contigo tienen mejoras en sus habilidades e incluso puede llegar a darse una relación amorosa). También se pueden mejorar las relaciones por medio de regalos, y si mientras viajas con ellos dices o haces algo con lo que no estén de acuerdo, ¡pensarán peor de ti!

Imagen de mi partida, para que os hagáis una idea de la interfaz.
Mi personaje era una elfa pícara, podéis ver algunos de sus movimientos
y las bombas o aceites que usaba contra los enemigos.
En este juego cada frase cuenta, pero sobre todo tienen mucho peso las tácticas a la hora de combate, cómo colocar los personajes que hacen daño cuerpo a cuerpo para que no les dañen los hechizos o bombas de área, cuándo hacer que los personajes usen armas a distancia... tendrás que aprovechar al máximo los puntos de habilidades con cada nivel, para así conseguir el personaje que se adecúe a tu modo de juego (o adecuarte tú a las habilidades, que también puede ser :P).

Es una historia que, si uno quiere, puede ser muy corta, pero que si te detienes a explorar todo, conseguir todos los secretos y, sobre todo, conseguir todos los logros del perfil del jugador, estarás horas y horas. Yo hace un par de días que terminé el juego, con una elfa libre pícara, y ahora mismo estoy con un elfo mago... y aunque la primera vez descubrí muchos secretos, ahora que estoy más al loro he conseguido hacer muchas más misiones iniciales... y estoy segura de que aún queda mucho por descubrir.



La verdad es que a mí me resulta muy entretenido, con unos gráficos bastante decentes y la jugabilidad en ordenador es muy buena. Un rol elaborado pero a la vez no demasiado complejo de comprender, por lo que cualquiera que no tenga experiencia en este tipo de juegos podrá hacerse a él muy rápidamente.

Para terminar, aquí os dejo un par de trailers. Este en concreto, explica cómo es un guarda gris y cuál es su final... algo que descubriréis mejor en el juego.


Os dejo también otro trailer, pero en este caso no está subtitulado (no lo encuentro) T_T Espero que podáis pillar más o menos lo que dicen.


Bueno, y esto ha sido todo por este DdO... ¿habéis jugado a este juego o a alguno parecido? ¿Os ha picado la curiosidad? Yo este os lo recomiendo, sin ninguna duda =D ¡Ya me contaréis! Un beso =)

sábado, 18 de mayo de 2013

Vínculos I: Miraggio. Capítulo 1: Magos, artilleros y garabatos.

¡Hola a todos!
Aquí de vuelta con el primerísimo capítulo. he pensado que voy a poner en cada capítulo links a las partes anteriores, para que si así alguien pilla un post de la mitad, pueda volver al inicio con facilidad.
Por fin empieza oficialmente la historia de Arianne... ¡Espero que os guste!

[Partes anteriores]: Prólogo, Capítulo 1 (actual).


Capítulo 1. Magos, artilleros y garabatos


Nunca fue fácil vivir en aquellas condiciones. Los gritos y explosiones despertaban a menudo a los civiles, que se apresuraban a levantarse en la cama y cerciorarse de que no había ocurrido nada cerca de sus casas. En el mejor de los casos, cuando nada había ocurrido lo suficientemente cerca como para alarmarse, volvían a intentar dormir en sus camas. El hábito les ayudaba a actuar así, y también el hecho de que no conocían otra manera de vivir.
A primera hora de la mañana, a menudo incluso antes de que saliera al sol, equipos militares dejaban cajas blindadas con los alimentos y útiles necesarios en la puerta de cada una de las casas o apartamentos. Los ciudadanos pedían sólo lo que iban a necesitar cada día, pues era de vital importancia que no se pidiera más que lo que fuera estrictamente necesario para facilitar la tarea y el racionamiento. Los mismos residentes cogían la caja y lo que contenía, en ocasiones ropa y otros enseres, y lo metían en sus casas. Para algunos civiles era muy poco seguro llegar hasta las zonas comerciales que estuvieran fuera de peligro, por ello se había impuesto este método de comercio. Si alguien quería alguna otra cosa por capricho o que fuera demasiado grande como para que los militares lo llevaran en esas cajas de apenas medio metro de alto, debía ir al distrito de industria para adquirirlo en las propias fábricas.
En una de las casas de la única zona residencial que aún era completamente segura, una joven salió a recoger la enorme caja blindada que el equipo de reparto acababa de dejar en su puerta. Aún con el tamaño y peso de la caja, la cogió y la metió en la casa con la velocidad de un rayo. Una vez dentro, la abrió y sacó las raciones del día y unas botas nuevas de alpinismo.
-Por fin -masculló mientras se recogía el largo y lacio pelo con un rápido moño.
Llevó la comida a la cocina. Una de las bandejas la dejó encima de la mesa central y el resto lo metió en uno de los armarios. La cocina no era realmente tal. No había fuegos o frigorífico. Ningún instrumento para cocinar era necesario porque cada comida del día venía en la caja de provisiones y ya preparada. Incluso los desechos se devolvían en la caja.
Después de poner su desayuno en el microondas, volvió a la entrada y cogió las botas nuevas. Sonrió para sí. Aún se sorprendía de la rapidez con la que llegaban los encargos a aquella zona de la ciudad. Mimaban demasiado a los sin magia. Y ella lo era, así que cuando necesitaba unas botas nuevas, al día siguiente allí estaban.
Se sentó en los primeros peldaños de las escaleras que había en la entrada de la casa y que subían al piso de arriba. Se colocó las botas, atándolas con cuidado y lo mejor posible. Si se daba el caso de tener que correr a los refugios mientras estaba fuera de casa, lo mejor era ir debidamente preparada, y esas eran las mejores botas para ello. Por eso también llevaba siempre, atado a su gemelo, un pequeño puñal envainado y su cinturón de municiones y vendajes bajo la sudadera. Aunque no era muy útil en los ataques en los que el enemigo usaba armas de fuego, le daba una sensación de seguridad siempre que su amiga maga y protectora Cassie no estaba con ella.
Al fin y al cabo, eso era lo que pasaba cuando se era un sin magia.
Ella era parte de un pequeño número de personas que habían nacido sin atisbo alguno de magia en sus venas. Lo que era un problema, ya que había que asignarles una protección especial, para cuando no había magos alrededor de ella, como era su caso.
Generalmente la magia “despertaba”, como decía Cassie, poco después de haber nacido.
-La magia se presenta como cualquier instinto primario y como instinto que es, no lo sabemos controlar nada más nacer. Por eso se presenta de forma violenta e inesperada en los niños más pequeños, hasta más o menos los tres años.
Ella suspiró a la vez que se levantaba para tirar la bandeja vacía del desayuno a la basura.
-Pero yo no. Una sin magia -dijo con hastío mientras recordaba lo que siempre decía ella-. “No, Ari -imitó la voz grave de su amiga-, en tu caso no fue así. Por eso me asignaron a mí para protegerte cuando yo sólo tenía ocho años y tú cuatro. Yo era realmente aventajada, ¿te lo he dicho alguna vez?”
Resopló.
Si bien había acabado siendo su mejor y única amiga, la relación con Cass no había empezado con muy buen pie. Cuando eran más pequeñas, solía hacer comentarios muy ofensivos sobre su condición y al final se acababa hartando de tener que llevar siempre una niñera tras ella. Su protectora era, además, una persona demasiado particular ya que, aunque estaban en guerra constante, siempre procuraba ir muy arreglada y se reía del aspecto desastroso de Arianne, con el larguísimo pelo sin gracia recogido en un improvisado moño. Asimismo, sus pantalones de bolsillos y los chalecos antibalas que debía llevar escondidos bajo holgadas sudaderas no ayudaban mucho a mejorar su aspecto.
-Pero en realidad ella es la rara.
Y así era. ¿Quién sino en todo el área metropolitana era capaz de llevar el pelo de un color tan vistoso como el pelirrojo por muy natural que fuera? Todos llevaban colores poco interesantes y prendas más bien ordinarias. En cambio, Cass disponía de todo un arsenal de ropa multicolor, como si hubiera acabado con los camerinos de las antiguas compañías de teatro de la ciudad y se hubiera hecho la ropa a base de retales.
Arianne rio. Desde luego su mejor amiga era especial. Quizás demasiado para ella, tanto incluso que a veces lograba incomodarla con su desparpajo, aunque a la larga había aprendido a sobrellevarlo. Su poca precaución a menudo la ponía nerviosa. Pero sabía que, siendo una de las magas más poderosas con tan sólo veinticuatro años, podía permitírselo.
En cierta manera, la envidiaba por ello.
Se puso el chaleco antibalas encima de la camiseta blanca de tirantes y luego lo escondió bajo una gran sudadera negra de un grupo musical hace tiempo olvidado. Cogió las llaves de la casa, el cinto de munición y el revólver, y lo metió todo en su mochila de la universidad junto con los libros electrónicos, cuadernos de apuntes y demás. Una vez lo tuvo todo preparado, se puso a un lado de la puerta de salida, esperando mientras miraba por los cristales deformados.
En algún momento aparecería en la calle el autobús que la solía llevar al complejo universitario. Cuando al fin lo hizo, abrió la puerta apresuradamente, y con la capucha echada sobre la cabeza corrió con rapidez al abrigo del vehículo que la esperaba con la puerta ya abierta.
Como era de esperar, no ocurrió nada durante el trayecto, nadie disparó, nadie la atacó. Pero toda precaución era poca cuando se salía del abrigo de los edificios.
Avanzó por el pasillo mientras el autobús arrancaba de nuevo, sentándose como siempre en uno de los dos asientos finales, ya que el resto de ellos estaban ocupados por las mismas caras que veía todos los días.
Una vez se hubo sentado, Arianne recordó que sus padres, si podía seguir llamándolos así a pesar de no haberlos visto en años, estarían en las afueras de la ciudad, donde los ataques del bando rural eran más agresivos, ya que era la primera línea de contacto. Rara vez los ataques llegaban algo más de un kilómetro adentro de la ciudad, Miraggio, era muy extensa debido a las muchísimas personas que habían huido a ella una vez empezaron las batallas. Pero, aunque los ataques no soliesen repercutir hasta tan adentrada la urbe, la prevención y seguridad de la ciudadanía era lo más importante, ya que las bajas civiles seguían siendo demasiadas.
El autobús salió de la zona residencial, adentrándose en lo que denominaban la zona de subsistencia. La llamaban así porque estaba repleta de enormes invernaderos, grandes extensiones de árboles frutales y cultivo de secano, granjas llenas de animales y alguna explotación minera. Era la zona en la que se producía la mayor parte de los productos que se consumían en la ciudad. Se hacía así ya que el aporte de suministros desde las zonas rurales y desde otras ciudades se cortó en cuanto del bando metropolitano y el bando del campo se enemistaron hacía ya tanto tiempo que nadie lo recordaba.
La universidad no quedaba demasiado lejos y llegaron apenas diez minutos después de abandonar la zona residencial.
Estaba compuesta de tres edificios grisáceos que, aunque eran enormes, su extensión no se daba en lo vertical, sino en lo horizontal. Se buscaba destacar lo menos posible en el cielo para no ser el blanco de ataques enemigos. El campus estaba rodeado a su vez por una doble muralla de más de diez metros de alto con una única entrada en ambas paredes.
Una vez pasaron la primera puerta blindada, se hallaron en el espacio que había entre las dos murallas para pasar la inspección rutinaria. Varios soldados subieron al autobús, pidiendo documentación y revisando caras. Todos los días era lo mismo. Y como todos los días, nadie le pidió su documentación. Al fin y al cabo, ¿qué mal podría ocasionar un sin magia en un autobús lleno de magos?
En ciertos momentos, Arianne sentía ganas de tirar la toalla. Nadie la tenía en cuenta ni la valoraba lo más mínimo. ¿Por qué, entonces, iba a arriesgar su vida por aquella ciudad?
Se había quedado tan ensimismada en sus pensamientos que no había notado que el autobús ya había llegado a su pabellón. A pesar de que debían llevar parados varios minutos, nadie la había instado a bajarse. Se apresuró a ponerse de nuevo la mochila al hombro y bajó. Se preguntó si alguien la habría visto siquiera al pasar.
Cuando entró al pabellón vio que estaba casi vacío. Como siempre. Su facultad no era muy requerida por los magos, y era la gran mayoría de la población de la ciudad. Eso se debía a que ella estudiaba la única carrera para personas sin magia dedicada a la guerra, Artillería Física.
Todos encontraban demasiado brutos a los artilleros sin magia, por eso tenían muchas menos oportunidades de tener trabajo, pero eso a ella, a pesar de todo lo que llegaba a pensar a lo largo del día, no le desilusionaba. Su meta era conseguir ser una oficial destacada. Tenía claro que, si quería que el conflicto terminara, ella sería una parte activa, costara lo que le costara.
Se dedicaba en cuerpo y alma al estudio y era la primera de la clase, aunque no era muy significativo, ya que eran menos de veinte.
Pero ella se sentía orgullosa. Ya en su tercer año era capaz de montar en menos de un minuto una mina de tres cargas a dos metros de profundidad y con diez de radio de sensibilidad. También estaba en la zona de tiro B, a sólo un paso de llegar a la A y ya sabía armar todo un equipo de aislamiento térmico para evitar los radares y las bombas térmicas del campo, aunque todavía no sabía construirlo. Era una alumna ejemplar, o al menos eso quería creer, ya que nunca ningún profesor se había dirigido a ella de aquel modo.
Se aplicaba lo más que podía en clase dado que en casa era incapaz de ponerse a estudiar con Cassie revoloteando a su alrededor. Por eso le molestaba especialmente que la interrumpieran en medio de una lección, como ocurrió aquél día.
Oía un rasgueo insistente. Como el que hacían las viejas plumas sobre el papel. Miró a su alrededor para instar a que escribiera sin hacer tanto ruido, pero no había nadie haciéndolo. Volvió la mirada al frente, aún recelosa. Sonaba demasiado cerca de ella.
Es como si estuviera... Bajó la mirada y se encontró con aquello que la estaba molestando. En su impoluta hoja en blanco, preparada para apuntar todos los esquemas de bombas y minas, habían empezado a salir garabatos sin sentido. Poco a poco, serpenteaban de derecha a izquierda de su hoja, con una brillante tinta verde.
Arianne se sorprendió y miró alrededor. Ningún alumno, ni tan siquiera el profesor, daba señal de tener que ver con lo que estaba pasando. De hecho, ni estaban haciéndole caso alguno por su extraño comportamiento.
¿Tinta verde? Tiene que ser una ilusión. Alguien me está gastando una broma.
-Eh, Seal -llamó a un compañero que estaba sentado a su lado.
Él ni se inmutó, siguió mirando con gesto ausente las diapositivas que estaba explicando el profesor en aquél momento.
-Seal -llamó un poco más alto. Al ver que no le hacía caso, le dio un toque en el hombro.
El joven giró la cabeza y la miró un momento a los ojos, con la mirada aún desenfocada. Ella hizo gestos hacia él y el papel, intentando preguntarle sin hablar si él era el culpable de lo que había aparecido en su hoja. Pero no dio señales de comprenderla, y volvió a girar la cabeza para mirar de nuevo al profesor dando la clase.
Arianne ahogó una queja. No, sin duda su compañero no tenía nada que ver con lo que estaba pasando. Simplemente la ignoraba, como el resto. No creía que alguien que no daba señas de importarle tan siquiera que le interrumpiera en clase fuera el culpable de aquellos garabatos había en su, hasta hacía unos momentos, impoluta hoja en blanco.
La cogió entre los dedos y la rompió en varios trozos.
Resopló, sin tan siquiera molestarse en ocultar su enfado de alguna manera y dedicó toda su atención a lo que estaba explicando el profesor en aquél momento.
La trampa que estaba en la diapositiva tenía un lioso sistema de engranajes y puntos de presión con distintos elementos químicos. Para montarla debían ser articulados a la vez y con una precisión tal que a Arianne le daba miedo el siquiera plantearse tener que montarla en las zonas de máxima seguridad.
En uno de los momentos en los que volvía la vista tras memorizar algunos apuntes de la pizarra para copiarlos al libro, se encontró con que el nuevo papel en blanco que había puesto a un lado de su libro electrónico estaba de nuevo lleno con aquellos garabatos.
Miró a su compañero, decidida a saber qué estaba pasando, y arrancó un trozo de papel de su cuaderno. “Dime la de verdad, ¿tienes algo que ver con esto?”. Se lo pasó con rapidez y sin perder tiempo se apresuró a completar el esquema mientras su compañero respondía en el mismo papel.
No recibió respuesta. Él ni se inmutó. Se dedicó a mirar el papel encima de su mesa y a devolvérselo después de haberlo leído. Le vio negar levemente, aunque no sabía si lo hacía con reprobación por su comportamiento o respondiéndole a lo que ella preguntaba.
Ella le miró escéptica. Ni se molestó en volver a hablarle. La clase estaba a punto de terminar y tenía que atender bien a la explicación.
Cuando volvía a tomar apuntes, el color de la tinta con la que se escribían aquellos garabatos en la hoja seguía resultándole demasiado extraño.
Miró de nuevo con algo más de interés, por si lo había visto mal o la luz le había jugado una mala pasada. En efecto, el color era verde, un tipo de tinta que no se podía fabricar en Miraggio, su ciudad. Pero no fue el color usado lo que más la intrigó, sino la forma del garabato en sí. Tenía una forma extraña, demasiado definida para ser un trazo sin más. Eran tres líneas, dos cortas y más o menos verticales, aunque curvas, y una en medio mucho más larga y enrevesada, pero horizontal.
Se había quedado tan extrañada que casi ni se dio cuenta del final de la clase hasta que el profesor dejó de hablar. Recogió todas sus cosas con rapidez y salió de la primera, como siempre. Aunque antes de hacerlo, echó un nuevo vistazo, por si había alguien sospechoso. Pero ninguno dio señales de estar interesado más que en las láminas de la pizarra o en sus propios apuntes.
Una vez fuera, se encontró a Cassie esperándola. La saludó y sin pensarlo ni un momento, tiró el último papel de la discordia a la papelera más cercana.
-¿Qué era eso? -preguntó su amiga con una ceja levantada y cara divertida.
-Bah, un garabato.
Su amiga se apresuró a rescatarlo de la papelera y lo desdobló lo mejor que pudo.
-Seguro que te has echado un amigo y no me lo quieres decir…
Arianne resopló y se quedó mirando cómo Cassie inspeccionaba minuciosamente el papel con una expresión maliciosa. De pronto apareció en los ojos de su amiga un brillo extraño. Le dio la vuelta en las manos, de manera que el garabato quedaba en la parte que no se veía de la hoja.
Siguió mirándolo y toqueteándolo por todos los lados hasta que llegaron a la cafetería. Se quedó parada en cuanto abrieron la puerta.
Arianne se quedó mirándola. La expresión que tenía en su cara era aquella que ponía siempre que se daba cuenta de algo. Su amiga levantó un poco el papel y lo puso de manera que le tapaba el sol que entraba por los grandes ventanales.
-¿Hola? -dijo con un tono muy diferente al de su habitual voz alegre y frunciendo el entrecejo.
-¿Qué pasa? -inquirió Arianne preocupada. Cassie solía decir esa expresión cuando algo no le cuadraba.
-Nada -se encogió de hombros-, sólo pone eso: “¿Hola?”
-¿En serio?
Le quitó el papel de las manos y lo puso también a trasluz. Se podía leer “¿Hola?” en la cara contraria. En la que estaba escrita se veían esas dos líneas seguidas por un garabato que serpenteaba y se entrecruzaba. Si lo miraba varias veces al trasluz y luego por el sitio escrito, podía ver más claramente cómo era cada letra.
Claro, se dijo. Lo han escrito al revés.
-Sí que se aburría alguien hoy.
-¿Quién lo ha escrito? ¿Tú? -Cass la miraba con un gesto raro.
-¿Cómo voy a hacerlo yo? -se rio-. ¡Si ni siquiera sabía lo que ponía! Sin duda es alguien que me quiere gastar una broma -hizo un gesto, restándole importancia-. Seguro que han creído que sería gracioso hacer como que alguien me presta atención por una vez en mi vida. Probablemente habrá sido uno de mis compañeros. Ya sabes que siempre tienen esa cara de no prestar atención en clase.
-Es verdad… ¿Quién iba a ser si no? -repitió Cassie lentamente y más para sí misma que para su amiga. No parecía muy convencida.

viernes, 17 de mayo de 2013

Concédeme una cita (44). Encontrado en la saga Íroas...


 photo CuC_zps0b5cfdc1.png

Sería mucho más facil dejar de respirar que olvidarte.
Jordi Nogués, Tres profecías (Íroas, Hijos de los dioses #1)

Como mini resumen semanal de lo que se ha ido publicando en AVp desde el último viernes: prólogo de mi historia Vínculos (mañana el primer capítulo), reseña de La carretera (Cormac McCarthy), nueva entrada de música (Iron Maiden) y reseña de Tres profecías (escrito por Jordi Nogués).

¡Pasad un buen fin de semana!
¿Te gusta este blog? Encuentra más parecidos en: